Bueno, después de estar en contacto con Max, un amigo que vive en Fort Lauderdale, él le dijo que estaba muy caro poder quedarse allí en las marinas por diez días. Y que en Miami, habían mejores precios. Estos diez días son para arreglar el motor (que ya mero les cuento qué pasó) y para juntar todas las provisiones y planes del recorrido hasta Bermuda. Este recorrido van a ser de 10 a 12 días de navegación. Encima, tiene que averiguar, estudiar la corriente del golfo y encontrar la mejor ruta para llegar allí (sin mencionar las fuerzas y ánimos para el viaje que le toca).
Después de haber salido todo apresurado por el frente de mal tiempo que venía, tuvo que hacer todo con prisa para que no lo alcanzara: pagar la cuenta de la marina, arreglar los papeles, hacer preparativos, etc. Logró salir a las 5pm y mientras iba de salida vio un crucero gigante, y cabal se acordó que la Sophie iba a estar saliendo en un crucero ESE mismo día. Coincidía con que ella iba encaramada en el crucero y mi papá saliendo del puerto. Demasiada coincidencia, otra vez. Raro, no? Asi que los dos salieron el mismo día a la misma hora. Me contó que estaba como con más confianza de cómo responde el barco y a la vez listo para los vientos y olas que le tocaban. En una de esas, el viento paró. Las olas seguían grandes (a esto ya estaba acostumbrado), entonces decidió poner un rato el motor para seguir avanzando. A la media hora: el motor empieza a toser y luego se apaga. Oops. Pero bueno, la corriente lo llevaba a casi dos nudos y como a las 3 horas el viento empezó de nuevo. Ese no fue el problema de la situación, sino que tenía que ideárselas para poder entrar a la bahía a pura vela. Sin motor. O bueno, con un motor pero muerto. Cuenta que montón de veces pensó en “practicar” entrar a las bahías a pura vela pero lo descartaba porque “nunca iba a pasar”. Y justo antes de llegar, a la altura de Key Biscayne, donde tenía que empezar a ponerse las pilas el vientos e fue otra vez. Se quedó totalmente parado. Y esta vez, la corriente lo llevaba al Norte mientras que él tenía que ir al Oeste. Y a la vez, empezaba a oscurecer. Otra vez. La noche empezando y el profundímetro otra vez asustando a mi papá y esta vez SIN MOTOR. De verdad que ya no es una “aventurita” es peligroso porque si llegás a encayar y de noche, con vientos fuertes pronosticados te lleva la chingada.
Estaba avanzando así, como una milla náutica por hora, demasiado lento. Tenía todas las velas puestas para aprovechar lo que fuera de viento, y en eso las 7:32pm y totalmente negro. Cero luz. Nervios destrozados y el viento empieza a soplar. Pero a estas alturas ese viento era totalmente innecesario. Entonces, a correr y bajar todas las velas. Ni sabía bien en dónde estaba, estaba re cansado por no haber dormido la noche anterior y encima eso. Bah. Al final, a las ocho, vio una luz de un mástil a lo lejos: un barco anclado. Se dirigió allí y ancló atrás.
“Les juro que quería aventuras, pero no tanto esta clase de aventuras. Sentís que estás al borde de todo, pero al borde de tus límites físicos y mentales…”
Bueno, al día siguiente estaba anclado en frente de la Marina Dinner Key. Ya descansado, pues era hora de ver qué iba a hacer con el motor, y un velerista (el que estaba anclado en frente de él) y le dice que justo detrás de él hay un banco de arena gigante. O sea, TENÍA que ver cómo arreglaba el motor que salir de allí a vela si no. Ese día era miércoles y trabajó de ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde sin parar. Desarmó todo, los filtros estaban re sucios, trató de todo para arreglarlo y nada. No arrancó.
Así que a pura vela a la Marina. Tenía que llegar a tierra. Toda otra estrategia, sin meterse en los bancos de arena, viendo dónde pasaban los demás veleros, llamando por radio a la Marina para que le dieran un muelle, pasando entre boyas verdes y rojas, etc. Bueno, al llegar (le tocó uno de hasta el fondo) no vio a nadie para ayudarlo. Iba sólo y con el envión del poco viento, había cola de veleros, etc. Tensión de nuevo: otra vez en apuros. Sigue y luego cruza en U y logra entrar raspando el costado del velero contra la pared. Entró. Y otra vez: NO LO PODÍA CREER! ! LO HABÍA LOGRADO! Allí, tres personas lo ayudaron y le preguntaron que qué había hecho porque le había tocado el lugar más refundido y difícil de la Marina, el lugar al que nunca nadie quiere entrar.
Ahora, pues le toca quedarse un par de días en Miami, ayer me contó que Max lo está ayudando un montón con contactos y ese tipo de cosas. De casualidad, me escribió un mail diciéndome que estaba en esa marina, y me acordé que yo fui allí cuando estuve en Miami. Le dije que fuera a un centro comercial que se parece a Fontabella (ish) y que comiera en The Cheescake Factory un sándwich de aguacate. Me responde: ESTOY EN ESE CENTRO COMERCIAL! FIJO ALMUERZO ALLÍ!





