Ahora el Motor

Al día siguiente ya llevaba más de un día navengando a pura vela mayor. Qué rico. Pero cuando no había nada de viento, tenía que usar el motor. En una de esas, bam: el motor no arrancó, ni click ni nada. Surración parte 2. Pero con su MEGA teléfono satelital salvador de todo, llamó a su cuate Markus y así le fue explicando qué hacer en el cuarto de las maquinitas y motores. Todo esto con las olas y el velero avanzando a vela, pero necesitaba el motor para poder tener electricidad después. Dentro del cuartito imagínense el movimiento de las olas, mi papá acostado encima del motor para ver qué ondas, un olor a diesel y un calor de la chingada. Se empezó a marear y así una hora, en fin paró vomitando. Y le dio el “mal de mar” por la sangoloteada, el apeste, el calor, etc. Sólo eso faltaba, me puso: QUE LLEVADA DE PUTAS. Al fin logró instalar lo que tenía que hacer y feliz, y mareado y con náusea todavía fue a tratar de arrancar. Nada, no reaccionó…”NO PUEDE SER” y así bien “feliz” le dio un martillazo al starter, y de la nada ARRANCÓ! No era lo que creía que era (o sea, todo lo que se la pasó haciendo antes no hubiera sido necesario). Un martillazo solucionó ese problemita. 

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